¿EXISTE LA CASUALIDAD?

 


LA OCULTA Y ESQUIVA CAUSA DE LO CASUAL 


CAUSALIDAD Y CASUALIDAD


Decimos que estamos ante la causalidad cuando comprobamos que existe una relación entre dos acontecimientos en el tiempo, siendo el primero el que provoca el segundo: al primero le asignamos el nombre de causa; al segundo le destinamos el nombre de efecto.


    Y decimos que estamos ante la casualidad cuando asistimos a una amalgama de circunstancias que se reúnen en forma aleatoria, esto es, sin que podamos establecer a algo que ocurre una causa.


NADA ES ABSOLUTAMENTE CASUAL


Pero Arthur Schopenhauer nos sorprende con una propuesta que no contemplábamos en esa alternativa binaria. En su voluminosa obra titulada “PARERGA Y PARALIPÓMENA” (1.115 páginas), el filósofo nos dice que “nada es absolutamente casual.”


    Añade que “casual” significa el encuentro en el tiempo de lo que no está conectado casualmente, pero insiste en lo primero: nada es absolutamente casual. Y nos explica por qué esto es así.


LA LEJANA CAUSA DE LO CASUAL


Afirma que lo casual es un episodio que asociamos al azar, al universo de lo contingente, a lo imprevisto o eventual. 


    Pero ocurre que en el episodio hay causalidad, aunque no comparezca junto al episodio que juzgamos azaroso o contingente.


    Y esto es así porque la causa de lo presuntamente incausado es algo que está lejos, algo que no está presente ante los ojos del observador: este se resigna a atribuirlo a la antedicha casualidad. 


   Y hay que desandar un largo camino para encontrar la escondida y lejana causa. Pues toda causa decisiva -situada en lo más alejado de la cadena causal-, hace mucho tiempo que ha determinado que se produzca determinado episodio necesariamente, precisamente en ese momento y, por lo tanto, simultáneamente con el otro.


LA SERIE DE PEQUEÑAS CAUSAS Y EFECTOS


Dicho en otras palabras: todo acontecimiento es el esabón individual de una larga cadena de pequeñas causas y efectos, que avanza en la dirección del tiempo. 


  Y es en el espacio donde evolucionan inumerables de esas cadenas, unas a la vera de otras. Pero no son ajenas entre ellas, y no carecen de un vínculo común: están entretejidas.


EL LEJANO PASADO SIGUE ACTUANDO


Le paso la palabra al filósofo de Danzig, para que sea él quien nos lo exponga:

 

Varias causas que obran al mismo tiempo, de las cuales cada una produce un efecto distinto, han surgido de una fase anterior de una causa común y, por lo tanto, están tan emparentadas como los bisnietos respecto al bisabuelo”.

 

    Y a lo dicho añade lo que sigue: un efecto particular que se produce ante nuestros ojos, necesita con frecuencia del encuentro de muchas causas distintas que -cada una como eslabón de su propia cadena-, proceden del pasado.


NOS ASOMAMOS AL ENIGMA DE LA HISTORIA


Y todas aquellas cadenas causales que prosigen en la direccióm del tiempo forman una inmensa red común entrelazada, qe avanza en toda su amplitud en dicha dirección, constituyendo así el curso del mundo.


Diríamos que, con ello, abrimos las páginas de la historia, y tal vez se nos ocurra redactarlas de otra manera.


Y ESE OTRO ENIGMA, NUESTRAS BIOGRAFÍAS


Por otra parte, si en un ejercicio de objetividad -nada fácil de conseguir-,  uno se asoma a esas otras páginas de la novela que es nuestra biografía, es posible que le sorprendan muchos de los acontecimientos protagonizados -o padecidos-, en nuestros muchos ayeres.


El filósofo nos recuerda algo en lo que todos caemos: solemos creer que somos dueños de nuestros actos.


¿Y si no fuera así? Miramos hacia atrás, y no siempre comprendemos cómo hemos hecho una cosa u otra: acaso sospechamos que algo ocurrió -no sabemos muy bien qué-, que intervino en  nuestra decisión. 


¿SOMOS LOS AUTORES DEL GUION DE NUESTRAS VIDAS?


Y una pregunta se impone: ¿hemos vivido como sonámbulos, tomando decisiones, ejecutando actos, metiéndonos en problemas, resolviendo situaciones conflictivas -o siendo víctimas de ellas-, sin saber muy bien si el auténtico protagonista hemos sido nosotros?


¿Somos los autores del guion de nuestras vidas?


Pensar lo contario complicaría la vida a la justicia y a los que la administran, porque conllevaría la necesaria absolución del delincuente: no sería el responsable de los robos que comete o de los asesinatos que perpetra. 


También complicaría a los sacerdotes, porque tendrían que cerrar sus confesionarios. Aunque su actividad actual esté en entredicho -pocos son los que acuden a ese sacramento- es lo cierto que se convertirían en absolutamente prescindibles.


EL LIBRE ALBEDRÍO, UNA FANTASÍA CONFORTABLE


¿Cómo queda el problema de la libertad? En el léxico de las películas del Far West, diremos que es algo más que un rasguño: nos parece que queda malherido.


Sí, el libre albedrío fue un sueño confortable. Pero es más que probable que sea una fantasía más de las muchas que hemos inventado, y que hemos dado por buenas.


Hemos inventado la inmortalidad, una naturaleza caída, la necesidad de un redentor, una burocracia ensotanada como mediadora entre el dios que hemos inventado y nuestra conciencia culpable, o la caprichosa virgen que le da por aparecerse a personas no muy competentes (en esto seremos piadosos), para anunciarles urbi et orbi vanalidades que averguenzarían a cualquier guionista.


Sí, lafantasía del libre albedrío queda gravemente tocada.

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