LA MUJER EN LA TRADICIÓN CATÓLICA

 

LA DESIGUALDAD ENTRE HOMBRE Y MUJER EN LA TEOLOGÍA


La doctrina de la Iglesia sobre la mujer es anterior a ella -procede del judaísmo-, pero ella la ha dado por buena. 

En el judaísmo y en el cristianismo la mujer es epítome del pecado: por Eva ingresó el mal en la tierra. 

Ese estigma afectó a la mujer, que tuvo que resignarse a decisiones como las que adopta Saulo de Tarso. El tarsiota decía: 


"Las mujeres deben someterse a sus esposos al igual que se someten al Señor. Porque el esposo es cabeza de la esposa, de la misma manera que Cristo es cabeza y salvador de ese cuerpo suyo que es la iglesia. Así que las esposas deben estar sujetas en todo a sus esposos, así como la iglesia lo está en Cristo". 


En Corintos 11:3el tarsiota dirá "quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios".

Saulo -auténtico fundador de la iglesia-, no tenía muy buena opinión de la mujer. Era necesario someterla. 

En la Primera carta a los Corintios el tarsiota ordena: "Vuestras mujeres callen en las congregaciones. Porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice".

En la Primera Carta a Timoteo, afirma: "Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada".

Él prefería la soltería, pero no le parecía mal el casamiento, aunque el argumento que justificaba su opinión es francamente pueril: "es mejor casarse que abrasarse".

¡Toda una antropología del matrimonio! ¡Vivir para ver!


SANTO TOMÁS Y LA MUJER

Siglos después, el Aquinate abunda en esa antropología que establece una distancia inconensurable entre la mujer y el hombre. 


"Por su parte, el hombre se ordena a una operación vital más digna aún: entender. Por eso, en él era conveniente una mayor distinción de ambas potencias, de modo que la hembra fuese hecha separadamente del varón, y, sin embargo, se unieran carnalmente para la generación."


Aquino se refiere a la potencia activa (hombre) y a la potencia pasiva (mujer), pero concede al hombre una condición que niega a la mujer: el verbo "entender" queda reservado al varón

Sería interesante conocer la opinión que tiene la mujer católica de nuestro siglo sobre esas descripciones que aquellos solemnes varones hicieron de ella, sin tener en cuenta su opinión.  

Es cierto que, en tiempos más recientes, se ha reconocido el papel de la mujer en la Iglesia, pero se trata de un reconocimiento meramente retórico. 


EL VATICANO, UNA MONARQUÍA DE VARONES SOLTEROS

Y no es menos cierto que el Vaticano es una  monarquía de varones: son poco más de 800 varones solteros, y sólo 30 mujeres, cuyo protagonismo durante dos milenios ha sido sólo el de algunas mujeres excepcionales, no de la mujer en general.

Y existe un curioso código de vestimenta de las mujeres para ingresar en el Vaticanotienen que cubrir sus hombros, sus rodillas y su espalda, nada de escotes y calzado cerrado. Sólo les faltó exigir que adopten la vestimenta afgana: Hiyab, niqab o burka. 

¡El cuerpo de la mujer -hombros, rodillas, espalda, pechos, pies-, les sigue pareciendo la sede del pecado

Salvo que el pecado está en la mente de los que escriben tonterías como estas. Allá ellos.


NO EXISTE NINGUNA NATURALEZA CAÍDA

Demos un salto de esta cuestión a otra, más inclusiva, y más relevante. Quizás haya que noticiarle a los teólogos que no existe ninguna naturaleza caída

¡¡¡Ese antiquísimo mito sigue actuando en nuestras sociedades!!!

Quizá haya que recordarles que, si naces en China, no perteneces a ninguna naturaleza caída. Y allí la mujer no es epítome del mal. 

No existiendo naturaleza que levantar -mujeres y hombres nos levantamos a nosotros mismos-, no hace falta la ficción de un redentor. 

Y el sospechoso funcionariado de sotanas empeñado en salvarnos -¡nadie sabe de qué!- tendría que buscar trabajos más honestos.

Los chinos no conocieron una deriva medieval hacia una trascendencia, que a nosotros nos privó de seguir cultivando nuestra cultura ateniense, no contaminada por la imaginación literaria del tarsiota.


SOBRE LA LECTURA DE FRIEDRICH NIETZSCHE

Por cierto, la lectura de Friedrich Nietzsche enseña mucho, y por eso es enfáticamente desaconsejada por algunas instituciones de la iglesia.

¿No será ese sospechoso consejo la comprobación empírica de que le temen a la verdad, y prefieren la  mucho más confortable ortodoxia?

Muchas mentes formateadas desde la más tierna infancia para recibir y repetir cansinamente los gastados textos escritos en otro contexto cultural, ajeno a nuestra circunstancia -acaso incompatibles con ella-, deberían leer al filósofo: tendrían acceso a lúcidos pensamientos.

Esos pensamientos le llegarán avalados por argumentos que son como luces que se abren camino en la oscura noche medieval, en la que el pensamiento crítico no está invitado.

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