LAS FANTASÍAS DEL DOCTOR SANS SEGARRA

LAS FANTASÍAS DEL DOCTOR SANS SEGARRA

Se acabaron las dudas. El doctor Sans Segarra nos sorprende con su hallazgo. Las experiencias cercanas a la muerte lo confirman: ¡Somos inmortales! El doctor reconoce que la ciencia no consigue explicar esas experiencias. 

Pero lo curioso es que, tras decir eso, recurre a la ciencia para proponer una solución. ¿No sería más coherente buscar un atajo que no nos deje en la estacada? 

 El médico abandona la ciencia, pero regresa a ella, y le exige una explicación para lo que considera inexplicable desde la ciencia. Acude a la mecánica cuántica, rama de la física teórica. Y uno piensa que incurre en una contradicción. 

Adopta un léxico prestigioso, y se inventa la “supraconciencia”, esto es, una conciencia que sobrevive a la muerte del individuo. Esa supraconciencia -a la que llama “conciencia no local”-, ya puede prescindir del cerebro. 

 Entusiasmado con su trofeo, el médico catalán anuncia urbi et orbi su gran hallazgo, sin duda el mayor descubrimiento desde la aparición en la tierra del homo sapiens: ¡existe la vida después de la muerte! O sea: ¡somos inmortales! 

¡Vaya descubrimiento! Sin duda le espera el Premio Nobel, y nosotros mismos estamos dispuestos a presentar su candidatura. A condición de que no sea el Premio Nobel de Medicina, sino el Premio Nobel de Literatura. 

Encantado de su trascendental hallazgo, el cirujano nos habla de una conciencia sin domicilio, empadronada sabe Dios en qué esquiva comarca, en la que los individuos seguiríamos viviendo, pero en una dimensión diferente. 

Sin duda alguna, en esa comarca ilocalizable nos esperan los rostros sonrientes de nuestros muertos queridos, para compartir con ellos nuestras respectivas conciencias no locales. 

 Ese triple salto sin red que protagoniza el doctor Sans Segarra, desde lo que conocemos a lo que sólo él conoce, desde lo inexplicable científicamente a lo que él pretende explicar científicamente, no se puede tomar en serio. 

Y ya hemos argumentado por qué: dice que la ciencia no puede explicarlo, pero recurre a la ciencia para inventar una explicación. Se dota de un lenguaje impresionante para vestir al muñeco, y anuncia al universo que no deberíamos tomarnos en serio la muerte: somos inmortales. 

 Olvida el Dr. Segarra Sans lo que nos dice Bertrand Russell: ¿por qué habría de ser explicable el universo? Tal vez el universo sea inexplicable. 

Pero la ciencia no se da por vencida. Hay neurocientíficos que siguen buscando respuestas que podrían concluir en nuevos conocimientos sobre estas experiencias, sin recurrir a las imaginativas teorías del médico catalán. 

 Y no le vendría mal leer las 1.115 páginas de "PARERGA Y PARALIPÓMENA", de Arthur Schopenhauer (1851), por las que desfilan el enigma de los fantasmas y las historias de enfermos, con sus sueños, y sus apariciones. 

También encontrará en ese libro las historias de magnetismo animal -la existencia de fuerzas invisibles que influyen en los seres vivos-, sobre las que escribió Franz Anton Mesmer en el siglo XVIII. 

Por cierto, el médico alemán no se dejó llevar por la fantasía, ni afirmó enfáticamente ningún enunciado metafísico a partir de su hallazgo, y ese es otro motivo por el que aconsejo su lectura al imaginativo médico español. 

 Dejemos que el cirujano siga cultivando el género de la literatura fantástica. Sin duda, es más interesante que la Nada. Pero algunos nos hemos empadronado en ella, y no nos preguntamos si es una Nada no local, o una Supra Nada, asunto que nos parece tan inexplicable como la vida misma, sea local o no local, deslocalizaday descerebrada, o con domicilio en alguna barriada que desconocemos.

Comentarios

  1. El Dr. Manuel Sans Segarra afirma que las experiencias cercanas a la muerte son inexplicables científicamente. Tras haber pronunciado solemnemente esas palabras, pide auxilio a esa rama de la ciencia que es la física teórica, y anuncia urbi et orbi que...¡somos inmortales!

    Le agradecemos mucho la noticia, y le decimos que siga cultivando su incontenible imaginación, confirmándole que muchos somos los que estamos cómodos en la mortalidad y en la inmanencia.

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  2. Considerando la inexplicable teoría del doctor, su imaginación supradimensional y su afán indetenible por justificar su hallazgo, estoy de acuerdo con usted profesor Javier. Sería un buen candidato al Premio Nobel de Literatura.

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    1. Estimaedo Raykel, en relación con asuntos que desconocemos, creo que el imaginativo doctor da un salto imprudente: a ik modo de ver, de unas experiencias cercanas a la muerte saca conclusiones desmesuradas. Nada sabemos del día después de nuestra muerte. Todo el que diga lo contrario no dice la verdad. Y tampoco la religión lo sabe. Una respuesta a favor de la inmortalidad es asunto de fe. Pero no una prueba de que la fe nos entregue la verdad. Un abrazo desde España.

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