BARUCH SPINOZA EN UNA TABERNA DE ATENAS, AÑO 399 a.C.
LECTOR TÚ Y YO ESTAMOS EN ATENAS
Estimado lector, mi imaginación tramó este encuentro. Cae la noche sobre las calles de Atenas. El escenario es una taberna. Podemos imaginar una mesa con tres personas.
En la penumbra, la luz indecisa de una vela alumbra el rostro de los tertulianos. Es la noche del 16 de febrero del año 399 a. C.
Sócrates había muerto el día anterior.
Los comensales son Critón y Fedón.
Unos minutos después llega a la taberna Platón.
Recuperado de la fiebre que le impidió estar con Sócrates en sus últimos momentos, se suma a la tertulia que mantienen Critón y Fedón.
Nada nos impide pensar que las viandas están acompañadas de un potente vino griego. Fedón -tal vez Critón-, animado con el alegre vino de Lesbos, inspirado y exaltado, levanta la copa.
Propone beber la sangre de Sócrates y el cuerpo de Sócrates, y pronuncia estas palabras.
- Que el cuerpo y la sangre de Sócrates ilumine nuestra razón, aliente nuestra lucidez y dererote a los mitos.
Las tres copas chocan en el aire. Un bocado de lentejas y tres higos cierra la ceremonia.
Una sonrisa cómplice acompaña el encuentro.
Beben y festejan la ocurrencia.
SPINOZA OBSERVA A LOS TERTULIANOS
Desde una mesa vecina, un viajero del tiempo llamado Baruch Spinoza, alza la vista. Contempla a los animados tertulianos. No consigue ocultar su sorpresa.
Una idea, como un relámpago, ilumina su mente.
Saca del bolsillo un arrugado papel. Toma unas notas. Esboza una discreta sonrisa. Termina su vaso de vino.
Abandona la taberna. Ha visto lo suficiente.
Le urge redactar aquello que ha visto.
HABÍA QUE PONER LÍMITES A LA RELIGIÓN
El filósofo de Ámsterdam nos dejó claro que la religión no impone la obediencia al Espíritu Santo, sino la obediencia a las opiniones de los teólogos.
Spinoza nos recuerda lo que Pablo confiesa: lo que escribe nace de su inspiración personal, de sus sentimientos.
Y la lectura del filósofo sefardita me recuerda lo que nos dijo Nietzsche: haber encuadernado el Nuevo Testamento junto al Antiguo Testamento -formando un solo libro-, es quizá el máximo pecado contra el espíritu que la Europa literaria tenga sobre su conciencia.
Pero volvamos a Spinoza. Para controlar la ambición de poder del Estado era necesario separarlo de la religión.
Pensaba que urgía poner límites a la religión. Que se ocupara sólo de la caridad y de la moralidad.
También había que restringir la autoridad del rey, tanto en lo que atañe a las cosas sagradas como en lo concerniente a las profanas, y permitir, en todo lo demás, pensar y expresar libremente el pensamiento.
El filósofo seguía la ruta que había emprendido Martín Lutero en el siglo XVI, que los siglos XVII y XVIII confirmarían, que la filosofía del XIX fortalecería, y que la cultura occidental consolidaría.
LA TAREA DE DEMOLICIÓN DE LA TEOLOGÍA
La clave estaba en impulsar la secularización. Si el filósofo holandés había iniciado la tarea de demolición de la teología, otros serían los que conseguirían el triunfo de la secularización.
Sus contemporáneos vivían atrapados en la caverna de Platón, secuestrados por supersticiones y prejuicios que los mantenían en la ignorancia.
Y la tarea propedéutica de la
filosofía era liberarlos de esa servidumbre de la que no eran conscientes.
ABANDONAR ESOS RECURSOS INFANTILES, LOS DOGMAS
Y ya para terminar, os confieso algo relevante. Pienso que el futuro del cristanismo podría estar en asumir un desafío: abandonar esos recursos infantiles que son los dogmas.
Y no estaría demás que renunciara a la desmedida pretensión de historicidad de la resurección. ¿Por qué no aceptar lo que pensamos todos, y lo que nos dicta el sentido común y el realismo?
Sabemos que el personaje del dios-hombre, creado por Pablo es sólo un bello mito, que no es poco, y que acaso es suficiente.
Lector que te asomas a este blog, despójate de todo lo que te han enseñado en las aulas.
¿Crees que es la historia de un dios que se convierte en hombre?
¿No será el relato fantasioso de un hombre que los hombres convierten en Dios?
¡Date una oportunidad! Piensa. ¿Se pierde algo aceptando que la figura del Cristo paulino, es una fantasía?
LA FUERZA INCONTENIBLE DE UN MITO
¿Es necesario mantener la creencia en sus supuestos milagros y su supuesta resurección?
Piensa. ¿No estaremos ante la fuerza incontenible de un mito?
Aceptarlo sería un hallazgo. Y permitiría ampliar el público que se acercaría a ese mito. Sus admiradores serían muchos más, y no sólo los cristianos.
Y el diálogo de la religión con la modernidad, con la filosofía y con la ciencia sería más fructífero.
Seguiremos hablando con Spinoza, seguiremos dejando que él nos hable. Porque Spinoza -condenado por los judíos y los cristianos de su tiempo-, llegó para quedarse con nosotros.
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