BARUCH SPINOZA Y LAS SUPERSTICIONES DE LA RELIGIÓN

 

LOS HOMBRES HABLABAN CON FANTASMAS 


El pensamiento de Baruch Spinoza es una experiencia aconsejable. El filósofo de Ámsterdam sorprende por su audacia. Se propuso desenmascarar los textos de los filósofos, y no dejó títere con cabeza.


El filósofo nació en 1632,  y murió en 1677, a los 45 años. El lúcido holandés contempló a sus contemporáneos, estudió las escrituras de la religión cristiana, y comprendió: los hombres seguían siendo tan supersticiosos como sus lejanos antepasados. 

Y ante sus problemas y sus agobios, recurrían a una divinidad que aliviara sus dolores, que conjurara su insoportable incertidumbre.

Rechazaban los prudentes consejos de la razón, y se quedaban con las imprudentes sugerencias de sus emociones. 

Rezaban, y esperaban de sus rezos solución a sus problemas.

Se relacionaban con fantasmas, hablaban con ellos.



SPINOZA SE REÍA CUANDO LOS VEÍA REZAR


Ignoraban que los personajes que adoraban eran sólo criaturas de su imaginación. 

El filósofo nos hace una confesión: sonreía cuando veía a alguien rezar en el templo.

Decía que las viejas monarquías europeas hacían tarmpa. Disfrazaban su legitimidad con el argunento de que eran de origen divino. 

Spinoza escribe que el único recurso para desbaratar ese orden político era la libertad.

Pero es consciente de las dificultades que esa empresa conllevaba. Sabe cuán arraigados están los prejuicios.  


LA AUDACIA DEL HOLANDÉS


Analiza los textos de la religión, y llega a una conclusión: todo lo que pasa por mensajes del Espíritu Santo sólo es cosecha de los teólogos. 

Con lo cual, los hombres creen estar obedeciendo a Dios cuando en realidad obedecen a los que detentan el poder político.

Hay que reconocer la audacia del holandés, cuando afirma que Dios y a Naturaleza son uno y lo mismo. En el siglo pasado, Albert Einstein y Stephen Hawking se aproximaron a esa concepción de Dios.

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